Un joven viajero llegó a un pueblo del que nada sabía. Se acercó a la taberna y preguntó al dueño:
– Yo nunca he venido por aquí. ¿Cómo son los habitantes de este lugar?
El hombre le respondió con otra pregunta:
– ¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?
El joven respondió:
– Egoístas y malvados, por eso estoy contento por cambiar de aires.
– Pues los habitantes de este pueblo también son así, egoístas y malvados, le respondió.
Un rato después, una joven se acercó al tabernero y le hizo la misma pregunta:
– Recién llego a este lugar. ¿Cómo son los habitantes de este pueblo?
El dueño de la taberna de nuevo le contestó con la misma pregunta:
– ¿Cómo eran los habitantes del lugar de donde vienes?
– Eran buenos, generosos, hospitalarios y trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos.
– También los habitantes de aquí son así – respondió el hombre.
Otro hombre que había escuchado la conversación, en cuanto la chica se alejó, le dijo al tabernero:
– ¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta?
– Mira – le respondió – Cada uno lleva su mundo en su corazón. Reflejamos lo que somos. Aquella persona que es generosa y servicial, encuentra más personas que comparten sus valores. En cambio, aquellos que son dados a la queja y a la desconfianza encuentran ese tipo de personas por todos lados.

Autor: anónimo Adaptación: Teresa Ruiz

Eres el cambio que buscas en los demás



 

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