Hace ya algún tiempo, en un lugar recóndito de China, vivía un granjero con su familia. El granjero, junto a sus dos hijos, se ocupaba de los animales y de trabajar sus tierras. El granjero era conocido por su parsimonia y por su sabiduría. Era un hombre feliz que escuchaba a todo aquel que se acercaba a pedirle consejo. Hiciese frío o calor él siempre trabajaba con una sonrisa en los labios y nunca se quejaba. En ocasiones sus hijos lo ponían a prueba porque, sobre todo el pequeño era muy curioso y aventurero.

En una ocasión el menor de sus hijos, se dejó la verja de la valla abierta y uno de los caballos que tenían se escapó. El hijo mayor, se enfadó con su hermano porque había dejado escapar a su caballo preferido. Tanto gritaban los hermanos que los vecinos fueron a ver qué había pasado. Al saberlo empezaron a hacerle al granjero todo tipo de comentarios ¡qué desgracia tan grande! ¡Qué mala suerte! ¡Perder un caballo con lo valioso que es! y cosas similares. El granjero les contestó “Tal vez sí, tal vez no” y siguió trabajando.

A la mañana siguiente el caballo apareció acompañado de cinco caballos salvajes. En cuanto los vecinos se enteraron fueron a decirle: ¡Qué buena suerte! ¡Al final te ha salido bien! ¡Vaya golpe de suerte que has tenido! El granjero les contestó “Tal vez sí, tal vez no” y siguió trabajando.

Al día siguiente el hijo mayor intentó domar a uno de los caballos salvajes, al cabalgarlo se cayó y se rompió una pierna. No podría trabajar durante varias semanas. El trabajo en la granja y en el campo es muy duro y sería muy difícil para el granjero hacerlo sin su hijo mayor. Todos en el pueblo hablaban de la mala suerte del granjero: ¡Si ya sabíamos que no podía acabar bien! ¡Al final ha sido una desgracia! ¡Cómo va a labrar la tierra él solo! ¡Es terrible! Le decían. El granjero les contestó “Tal vez sí, tal vez no” y siguió trabajando.

Los vecinos no entendían cómo podía estar tan tranquilo ante tal desgracia.

Pasados unos días, se armó un gran revuelo: el ejército llegó al pueblo con la intención de reclutar a todos los jóvenes para iniciar una guerra. Como el hijo no podía caminar no lo alistaron y se quedó a salvo en la granja junto a su familia.
Una vez más los vecinos comentaron ¡Qué buena suerte! Y una vez más el granjero dijo: “Tal vez sí, tal vez no” y siguió trabajando.

Moraleja: no hay que anticiparse a las consecuencias

Esta antigua historia nos muestra que no hay que catalogar las situaciones como buenas o malas. No sabemos que consecuencias traerá un acontecimiento. Disfrutar o aceptar el presente y no crear expectativas (ni buenas ni malas) nos ayuda a aceptar las situaciones y a fluir por la vida.

Adaptación de un antiguo cuento chino

Pin It on Pinterest

Share This